¿QUÉ HACER ANTE UN CLIENTE TÓXICO?

 

 

Los clientes tóxicos existen, y no es la excepción en el área de Diseño y Arquitectura.

 

Si estás dentro de este ámbito laboral, seguramente podrás identificar a más de algún cliente que te causó bastantes problemas a la hora de realizar su proyecto. Si aún no has tenido esa desagradable experiencia, seguramente es porque apenas estás comenzando a ejercer tu profesión o para bien tuyo, has tenido mejores clientes. 
 

Si bien, son muchos los factores que involucran llevar una buena relación profesional con nuestros clientes (como la región en donde ejerces, la experiencia y prestigio que tienes, el tipo de proyecto a realizar, etc.), te dejamos algunos breves consejos y opiniones sobre qué es lo más adecuado hacer ante un proyecto con un cliente “tóxico” o problemático.
 

Para empezar, debes ser consciente de que hay todo tipo de clientes, y que cada caso será siempre particular. Por eso, desde un comienzo, lo más importante es la buena comunicación que debe haber entre nosotros los servidores profesionales y nuestros beneficiarios, de esa manera evitaremos malos entendidos y confusiones. Dentro de la comunicación, no sólo será nuestra relación, sino el conocer también a nuestros clientes: todas sus necesidades, sus gustos específicos, sus anhelos, entre otra información que se debe aclarar desde un comienzo, ya que debemos siempre recordar que nosotros estamos encargados de transformar toda esa información que el cliente nos proporciona, en un lenguaje de diseño, es decir, en obras que sabemos hacer según nuestra profesión específica. 
 

Entonces, ¿cómo surgen los problemas con nuestro cliente?
 

Normalmente los conflictos o diferencias vienen después de una mala comunicación, por eso destacamos esa gran importancia en todo momento. Sin embargo, como ya se mencionó, existen clientes de todo tipo.

 

Por mencionar algunos ejemplos, existen aquellos que quieren hacer todo el proceso (y el proyecto mismo) como ellos tienen en mente. Estas personas suelen ser rígidas (necias), y quieren un control absoluto de lo que estamos llevando a cabo. Pero se les olvida que acuden a nosotros porque somos profesionales en hacer lo que ellos no saben. Quieren ejecutar una obra que normalmente viene de otras ideas ya realizadas, sin comprender que cada proyecto es diferente. Cada hogar tiene una historia distinta, y por ello se limitan demasiado, porque en vez de crear su propia historia plasmada en su nuevo hogar, prefieren clonar la de otra persona que muchas veces ni conocen. 
 

Para estos casos, existen tres opciones para nosotros:

 

La primera, es intentar convencer al usuario de que se puede hacer un proyecto mucho más interesante si se hace entorno a él, es decir, que tenga plasmada (tanto funcional como estéticamente) su esencia. Si el cliente sigue con la mentalidad igual, o cree que se siente satisfecho al hacer un proyecto con base a ideas arraigadas, entonces queda por hacer dos cosas: si quieres quedar bien con él y no dejar ir un proyecto, tendrías que hacer todo como él te lo pide, al final de cuentas quien manda siempre es el usuario. Esto, tomando en cuenta que, debes ser consciente de que probablemente estés faltando a la ética de tu marca al copiar ideas sin aportar nada tuyo. Si es así no tiene sentido continuar, ya que es absurdo también, que alguien asista contigo para a final de cuentas hacer lo que el cliente desea. En ese caso, de nada sirve acudir a ayuda profesional. Esta sería la última opción, rechazar el proyecto.
 

Los otros tipos de clientes tóxicos serían, por ejemplo, quienes nos piden cambios al proyecto constantemente. Pero sobre todo, no valorando nuestro trabajo, creyendo que es sencillo empezar de cero sin daño alguno.

   

Existen también los que menosprecian nuestro talento y profesión, incluso personas que quieren poner precio a nuestro trabajo, o que suplican por costos más bajos, como si les estuviésemos ofreciendo un producto del mercado. Así también, están los clientes que nos otorgan toda libertad desde un comienzo, para hacer de su proyecto a nuestro estilo, y que al final, quedan inconformes por los resultados. Algo que sinceramente, no tiene argumento que justifique su postura. 
 

En general, aunque haya muchos tipos de casos comunes y particulares, regularmente todo se deriva de la comunicación que exista entre nosotros y nuestros clientes. Pero ante casos como los ya mencionados, depende en gran medida de tu disposición ante lo que pueda ocurrir a futuro. Es decir, si tu marca tiene calidad y prestigio, o simplemente eres disciplinado ante tu estilo, y valoras lo que sabes, no tendrás muchos casos con problemas de este tipo. Si haces tu trabajo impecable, siempre (o casi siempre), te irá bien y podrás darte el lujo de elegir proyectos que más te convienen. En cambio, si prefieres continuar tu trayectoria sin principios fijos, quizá tengas más proyectos, pero muchas veces serán incompletos, poco valorados y, sobre todo, sin la huella de tu marca plasmada, cayendo en cierta forma, en el conformismo. 
 

Si estás comenzando con tu marca personal, es probable que tengas problemas con los clientes y proyectos como los mencionados. Pero depende de ti hasta dónde quieres continuar con un estilo a medias, u opaco, o buscar nuevos retos y una identidad que te haga destacar. Teniendo en cuenta, claro, que nuestros clientes (tóxicos o no) son los que mandan. Pero que deben notarse siempre las pinceladas de los diseñadores. Un equilibrio y combinación de la mente del usuario y del artista. 

 

 

 

 

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